EL FENÓMENO POÉTICO DE LA NINFA MEXICANA Por Juan Andrés Gómez
EL FENÓMENO POÉTICO DE LA NINFA MEXICANA
Por Juan Andrés Gómez
La poética de Lourdes Ortiz cala y resuena en el alma, sustancial y poderosa, multiplicada y una, define sus Ecos en cuarenta poemas no finitos. En el Poema 1 se muestra y se define y se contrasta en cada esencia de su propia naturaleza; sin embargo, “/Han muerto las hojas de los árboles / Y los pies del calendario con signos de agotamiento / El reloj tiene pasos de gigante/”. Lo anterior nos refiere que los árboles, el calendario y el reloj son el tiempo que nos evoca la brevedad de la vida, el instante acumulado del todo para completar la existencia. En el Poema 2 la poeta se enamora sutil con los mismos ensueños cándidos y mágicos a la manera del poeta José María Eguren cuando versa: “/Eres el infante de la lámpara azul /Que escruta en mi interior/”, es decir, ella está en medio, entre el todo y la nada; entre la vida y los sueños, no la muerte, sino de su propia trascendencia. Lourdes se revitaliza en estos poemas, numerados a propósito y cada número es infinito, se condensa el infinito.
Me atrevo a decir, que la poesía de Lourdes Ortiz está preñada, para esto se humaniza mientras que la poeta se vuelve luz, ser espiritual, y esa dualidad “/son Brazos que se trenzan /Dos en comunión/ Pasos que se acercan/.” Ya en el Poema 4, toma la posición de observadora, pero se da cuenta que de pronto está también inmersa, dispersa, su voz por todas partes eterniza su dolor y su naufragio: “Un murmullo calcinante rompe/ La vida un parpadeo/ Tropezar/ Caer/ Erguirse/”, sale ilesa.
En los poemas 5 y 6 plantea el sujeto poético, pero no solo del “yo” personal; sino del otro, es decir, del lector. Cosa que cuando, el lector, en su posición, se identifica con el poema y lo hace suyo, y esa constante de la autora y sus personajes son latentes: el diálogo acústico regresa en ecos, no a lo mismo, no a una mera repetición, sino cada eco es una versión distinta, pero ante todo es una lucha interna consigo misma y ante esa fragilidad la poeta no solo se empodera sino que también al lector; sus voces o ritmo que refleja la humanidad de la poeta, finalmente y así de simple se dirige a su poesía misma, de esta manera la poética de Lourdes Ortiz se echa a andar libre, preñada de una emoción vital, lejos de eufemismos para acercarse a lo cósmico con palabras que contienen dulzura y sencillez prístinas, con esa simplicidad del verbo que reafirma “/Me inspira tu eterno semblante/ Pensativo y taciturno/ Tu pie gastado en el acontecer vital/ Tu riqueza es espíritu celeste/”.
Solo por mencionar los primeros poemas, a lo largo de los cuarenta, contrariamente a Concha Urquiza, Ortiz va más allá de lo místico y desarrolla la dualidad cuerpo/espíritu ya que la misma autora afirma en el Poema 19 que el cielo no tiene fortuna y con los ojos errantes y con el boleto en la mano en una estación sin fin, viaja hacia sí misma, que es la única salvedad para llegar a la felicidad. En fin, la poética de Lourdes es un punto y aparte, y no se necesita mucha palabrería para decir y afirmar que cada poema es una oración en voz alta; que, además de sugerente, suscita emoción que advierte lo verdadero, aquel sentimiento universal llamado amor.
Felicito a la ninfa mexicana por deleitarnos con versos que nos hacen reflexionar sobre el verdadero sentido de la vida, que es amar a plenitud donde todo es como en el primer día, como reza en la parte final del último poema:
La vida en vuelo de ave negra y viajera.
Nada importa
La arena se fuga en el reloj
Un suspiro se trueca en graznidos de pájaros agoreros
En pájaros que recorren cielos donde no existe el sol
Ni la luz
Ni el agua
Ni el viento
Donde todo es como en el primer día.
Adviértanse los ecos de cada verso.
*Juan Andrés Gómez, poeta peruano.
Bibliografía:
Ortiz, Lourdes, Ecos, Perú, Editorial Agramante, 2024.
Muestra poética de la autora

Poema 9
CERRAR los ojos y montar en vuelo
Que de mis párpados no escurra más la lluvia
Que mis pies no se cansen
que sea yo la de los pies ligeros
Recorrer calles, caminos, veredas, valles y montañas
Ir más allá del calendario
Surcar el cielo con mis brazos
Sin reloj que me acompañe
Emprender el vuelo
Sin zapatos torturantes
Liberarme del tormentoso suelo
Llegar a la tierra donde el sol nunca se esconde
Chapotear en el reflejo del cielo
Atardecer en manto blanco
Posarme en tu mirada
Tocar las puntas de tus dedos
Tomarme el café de tus pupilas silenciosas
Poema 34
TENGO ganas de no hablar
De no ver más la luz
Ni me perturbe el barullo de las aves
Que el invierno se prolongue hasta mis venas
Que la luz ya no importune mis pupilas
Y la tierra se quiebre bajo las plantas de mis pies
De permanecer en forma horizontal
Y el crepúsculo señoree el mundo
Tengo ganas de vomitar la tristeza
Que mi cuerpo se seque como un árbol con sed
Y mis oídos sean sordos ante la mirada del mundo
Ni ser sensible ante los ojos abandonados de un cachorro
Tengo ganas de volar alto
De ocultarme entre las nubes
De besarte transformada en lluvia
De abandonar el sueño sentada ante un mar que besa mis pies
Tengo ganas de regresar al vientre del que nací
Que las manos de mi madre me protejan del dolor
Y no permitan que tu sombra me alcance
Ni yo recorra un mundo estéril
Donde habitan cactus bajo verde alfombra,
Ni los áspid rocen mi tobillo
Ni murmuren mi nombre con su negra lengua
Tengo ganas de dormir
De dormir y no abrir este par de avellanas en pupilas
Poema 40
YA no siento el arrullo del viento
Su silbido roza un oído asonántico
La luz de mi ventana no se recuesta retadora sobre la duela
Y el hormigueo de mis manos sube de volumen
Mis sienes se visten con tul de novia
Mis pies ya no danzan porque los dedos se miran
y contorsionan por el yugo vital
Ya mis ojos no resisten la mirada del sol
Mi espalda carga amaneceres sin luz
Las líneas de mi cara revelan el trepidar del tiempo
Un martillo cuchichea en mi cabeza
La ley severa recuerda y mandata
La resistencia de mi mano se desploma
Mi cuerpo no obedece al canto de las nereidas
Mis ojos se revisten cada día
Un líquido los baña en cascada matutina
La vida en caída libre
Asirse de la rama más seca
De las hojas que mece el viento en otoño
En un día de tempestad sin fecha
Nada importa si el camino se acorta
Si las piedras estorban la marcha
La vida es una pausa en reloj finito
Un parpadeo desde la salida del útero
Hasta la visita obligada al sepulcro
Nada importa si se rebelan mis ojos a mirar la luz del sol
Si mi cuerpo se recuesta con granizo en la cabeza
La desilusión de escuchar y no sentir
La vida en vuelo de ave negra y viajera.
Nada importa
La arena se fuga en el reloj
Un suspiro se trueca en graznidos de pájaros agoreros
En pájaros que recorren cielos donde no existe el sol
Ni la luz
Ni el agua
Ni el viento
Donde todo es como en el primer día
Lourdes Ortiz (Zacatecas, México) es Licenciada en Letras, Maestra en Estudios Novohispanos y Doctora en Humanidades y Artes. Docente- investigadora en la Maestría en Humanidades, línea formación docente, eje Enseñanza de la Literatura, en la Universidad Autónoma de Zacatecas, México. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel 1. Ha impartido cursos para profesores en la Dirección Regional de Educación en Tumbes y para la SUNASS en Perú. Miembro del comité editorial de la revista Metáfora (UNMSM), indizada en Scopus Q3. Evaluadora en revistas como Intersticios Sociales (El Colegio de Jalisco), Entreciencias (ENES-UNAM), Andamios (UACM), La palabra (UPTC), y Trilhas fiolosóficas (UERN). Publicó poemas en el periódico de poesía Los Gallos Vigilantes, en la revista cultural Participar, en Santa Rabia Poetry, en Círculo de Poesía y en Avpla. Revista de poesía contemporánea. Las revistas Cronopio (Colombia) y Plesiosaurio (Perú) le divulgaron varias minificciones en 2016 y en 2023. En 2024 publicó el poemario Ecos (Perú), presentado en la Casa de la Literatura Peruana, en la ciudad de Lima. En Brasil (2024) publicó el libro de ensayos Sino y adversidad sociocultural en la figura femenina de los siglos XIX y XX. Exégesis de la narrativa hispanoamericana.