Aunque cambies de color, sigues siendo la misma

fotografía: mónica lozano.

Poemas de Juan Manuel Portillo

Publicado: 2021-05-03



                                     (de estudios, 2009- 2021, inédito)




(estudio lunar / acadia)


1

Saltamos en las piedras

de un acantilado


(un paisaje lunar             pensé

pero el agua no encaja en la luna


un acantilado sí

hasta en el fin del mundo de los terraplanistas


encaja)

               Si seguimos

tendremos que volar o sacar branquias

de algún sitio


                         no hay prisa

son largas las fracturas


y quedan muchas piedras por andar


2

Tanto como tardamos en emerger del mar

llevará sumergirnos


así que salto en piedras                          lunares

                                                    contra toda evidencia


como si la fiesta siguiera en el after


salto en sus prismas


cubos imperfectos

de algún poema futurista


que nunca fue








(metal)


Una pequeña pieza de metal, cóncava, de bronce oscuro, un disco. Y la mano que la sostiene, firme y suave a un tiempo. Así lo imagino. La vara, de otra mano, golpea puntual y delicada. Un palito con fieltro en su extremo, cubriendo la esfera. Lo imagino, lo escucho. De aire y de metal el sonido. Abierto. Tres veces vibra. Tres veces se extingue. Sin dolor, en el aire lo imagino con los ojos cerrados -aire oscuro como el metal, que llamo bronce. Así. No es un comienzo. No es un final.

Que lo cóncavo sea el principio de una esfera o de una campana. No. Una trampa. No. Que lo cóncavo sea una congregación. No lo que espero. Otra cosa.

Con los ojos cerrados, tendido. Distendido de pequeñas palancas subcutáneas. Y mucho más adentro, en oscuros y armónicamente coordinados, tejidos. Un pulso. Antes de toda aspiración. Unísono, un tejido de armónicos. Menos que un coro pero menos que una voz solitaria. Armónicos. No voz todavía. Unísono.


* a Jorge Solís Arenazas






(motor)


Me lleva el ronroneo de uno a otro paisaje. Por ejemplo, las nubes cernidas sobre el campo abierto, oscureciéndolo. No es un ruido de fondo. Una ciudad si quieres, también oscurecida, es.

O un corazón que ha pulido su ritmo, libre de toda arista. Sólo vaivén, pulso que se adelanta o se retarda. Y la aceleración, un circuito de arterias. Un corazón oculto en la entraña del fuego y del metal, un corazón templado.

El recuerdo de un sable, un corte, un giro, a veces interrumpe, pero el ritmo termina por envolverlo todo. Y aquí vamos de vuelta al ronroneo, ahora una danza lenta y minuciosa de ceniza volcánica. Y una marcha que no se detiene, que no se detiene.










                               (de Bla, 2012, 2015)




EN un cuaderno rojo de costuras muy finas dibujé un cardenal, escribí

rojo sobre rojo


figuritas de luz que se filtraban en el duermevela


panoramas enteros, carreteras, colinas

sólo alcanzables en el umbral del sueño


entrar o salir:


detrás el árbol detrás el bosque detrás


unos ojos azules, otro cielo: vuelo del cardenal


Escribí

la vista más hermosa de aquel pueblo del este

desde las altas piedras de un cementerio

el río que duplicaba árboles y edificios


escribí

¿un pueblo es una polis?

¿el lenguaje político se contempla mejor desde los muertos?









Aquí no hay balas


el plomo cae por su propio peso


la noticia del plomo, el documento

caen por su propio peso


documentan su caída


Boca de jarro, boca de jarro

¿revelarás tu nombre?






lugares mentales









REDES de nervios en la cabeza

de cristal, de metal


tensión que se curva sobre el mundo

o que se rompe


camino torcido sobre mundo torcido en sus redes ilusionistas de animal


ilusionistas de ojos de pájaro, de ciervo

sobre el paisaje


elevándose sobre las formas que construyen


o dejando las formas como marcas

para regresar a la ilusión


animal de aprendidas maneras

justas


formas de civilidad

justas


animal animal









La enorme luna roja de solsticio de invierno

cernida sobre la ciudad


en el eclipse

¿todos los animales se supieron mortales?


en esa larga noche de huesos en el frío

bajo delgadas pieles –insisto-

¿se supieron mortales?









No hay muertos, no hay cadáveres, no hay carroña

hay palabras que hablan de otras palabras


relaciones, eso hay, extremos que se tocan y jaloneos

estira y afloja como sístole y diástole


como sístole y diálogo interrumpido


pero no el silencio


sobre silencio se puede hablar

o simular que se habla


poética de silencio que construye su voto de silencio con palabras


como apagar la pantalla en que escribo

y seguir tecleando


así el fingimiento del silencio tiene un sentido


el diálogo roto es otra cosa

el diálogo roto no es otra cosa











                                   (de Vigilia, 2020)




Pájaros nunca-duerme su trabajo               el tejido de la noche y el día gravedad

la suya que convoca luces     dispersas      las convierte              en luces de mañana


y las hojas dispersas       y las ramas      en sombras    en cobijo convierte


sacudo mi cabeza        vienen de afuera los cantos de los pájaros


sacudo mi cabeza de ruido      movimiento de ave rápido   entran y salen los cantos

           dejan ecos rasgaduras                 jirones de cielo dejan en mi cráneo










Aturdimiento  organismo paralelo    maneras de golpear los parietales el

 aturdimiento        nunca 

se dibuja con claridad menos          de noche organismos      paralelos que verifican

      sus zonas de contacto       zona muerta       lenguaje muerto

zonas de tejido que se derrumban      caen con sus fechas sus imágenes sus

golpes de infortunio 

naipes la casa nunca pierde tampoco           gana la casa


avanza con el día lleva   sus marcas un techo de dos     aguas divide el antes y el

      después de la lluvia el antes      la acumulación en ascenso de los vapores el  

      aliento que se eleva la respiración que      se eleva la plegaria que se eleva 

      y llena el aire nubarrones


las frutas sobre la mesa que ya no arrojan sombras              la contención


amenaza de tormenta










Ganas de comerse el mundo se decía cuando       había mundo y ganas y largas

 filas de alimentos           antes de que se pudran llevarlos a la boca        la tuya

antes de que se pudra o la que encuentres al alcance nada       de almacenes nada

 de silos     aunque se anuncie tormenta          aunque vientos de guerra amenacen


y voces aconsejen guardar         para los tiempos de escasez     vacas     flacas

decían esa carne

         la he probado también      esbelta con su disfraz de hueso mondo y otros  

         frutos me he llevado a la boca el lado luminoso de los frutos y su interior     

         y las semillas

         muy lejos las escupo para que no germinen en mí          cadenas en mí









Todos en adopción decía el cartel y los perros movían       sus colas       aguzaban

sus puntas de oreja         sus hocicos        largos tajos en ese parque        corrían

 olfateaban     con la seguridad de extremidades         bien puestas en tierra y más


multitudes vi   por esos rumbos y supe        de otras si tuviera    ganas las exploraría

           visitaría sus templos dije         templos y los faroles se encendieron no la

          oscuridad de la casa


en adopción ¿y qué orfandad vendrá           que nos revuelva y lleve por tantos aires

              de familia por tantos extravíos? hoy


caminé por sendas de amplitud          variable estrechos      callejones       avenidas

            y no me podía detener y no podía        dejar la ligereza         mis pasos

           sus desprendimientos               de una tierra que apenas imanta








Al final de la tarde      un campo de luciérnagas y      la noche que cargan     pequeña

      noche inmensa       noche planetaria       y en ese alumbramiento restos de

      otras vidas peces

   a la orilla del lago trozos      de piel escamas     una nueva textura de esqueletos y 

      marcas en la arena un campo que se apaga y         se enciende que se apaga y

             se enciende que         se enciende y alumbra lo que no es           mío ni son 

 mis luces          lo que se me aparece










Juan Manuel Portillo (Cd. Juárez, 1967) ha publicado passwords (Mouthfeel Press, 2011), Bla (Mano Santa, 2015), Vigilia (Salto de Mata, 2020) y figura en el volumen colectivo De las últimas cosas (Salto de Mata, 2020). Es autor del poema visual Deadline (2016). Ha publicado traducciones de Geoffrey Hill, John Taggart, Keith Waldrop y Paul Celan. Sus poemas y traducciones aparecen en Ciudad negra. Antología de poetas de Ciudad Juárez 1980-2013 (Bonobos, 2018) y en publicaciones periódicas tales como Mandorla, Mula blanca, Plan b, Periódico de Poesía, Polis Poesía, La Jornada Semanal, Tierra adentro, Tragaluz, Oráculo, El poeta y su trabajo, Anuario de poesía mexicana, El coloquio de los perros y Aufgabe, Journal of Poetry. Es Doctor en letras latinoamericanas por la Universidad de California y profesor en Hollins University.


Escrito por

Willy Gómez Migliaro

Willy Gómez Migliaro (Lima, 1968) Poeta, profesor de literatura y escritura creativa, asesor literario y corrector de estilo.


Publicado en

Poesía

Poesía en lengua española