Poemas de Carlos Cociña
4A
Cada vaso capilar fue incapaz de resistir la presión y se rasgó esparciendo el líquido en los pliegues cutáneos, y esto se repitió en toda la fibra afectada por el puño sobre el cual se ejercía el peso del cuerpo en el triple de su potencia. El hematoma de la cara, con sangre desparramada en los párpados y en el glóbulo del ojo, se esparció por todo el cuerpo en cada nueva presión, y las roturas fueron mayores hasta que la fuerza del flujo decayó al punto que las pulsaciones eran al ritmo del pestañeo apenas perceptible en el cuerpo amoratado.
Después de todas las resistencias que no lograron amortiguar, los filamentos óseos vibraron hasta el máximo de su longitud para finalmente llegar a nivel de moléculas y estirar los espacios entre elementos; en estas vibraciones empieza la descarga que desencadenaría la desintegración de la ya quebrantable cohesión de las áreas trizadas del hueso. Se rasga la carne y no hay armonía en el balanceo.
Una gota de saliva cubre lo cóncavo de una pieza de goma que al acercarse al pedazo de piel, la absorbe en el vacío, dejando una elevación convexa y cerrada de epidermis. Los electrodos se afirman, cuando los polos se intercambian en los destellos del roce que cae de los electrones desencadenados para alcanzar al próximo, y así seguir hasta tener la posibilidad de alcanzar la tierra.
Se acerca el tren;
sus luces van sobre las lomas.
No son los carros del tren,
es un gran gallinero extendido sobre los árboles
del cerro.
Ese tren va a las tierras cardinales.
En sus ventanas iluminadas se refleja
el gran transatlántico,
entre los valles de maíz, encendido
entre los insectos que vibran en vuelo.
Y SI TODO FUERA LO QUE ES
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El blanco que se observa en las grandes montañas y edificios
no es nieve, sino la luz que toca extensiones de piedras y arena.
La sombra de la luminosidad parece agua en estado sólido,
extendida en los contornos de los objetos. Luego aparecen
Cetus y el Pez, desde la luz.
JARDINES
(fragmento)
En medio del sendero una jauría se disuelve en desbandada.
La forma de expandirse no tiene como referencia el lugar
desde donde comenzó. Las carreras, aparentemente erráticas
entre los arbustos, también pueden ser por la copa de los árboles,
incluso en otro lugar. El sonido no se produce determinado
sino en todo el cuerpo que se desplaza moviendo ramas y hierbas.
El aire se deshoja en muchos puntos apenas determinables
y a su vez vibra en otros provocando efervescencia en las
direcciones de la luz. Vendavales produce el paso
entre las pequeñas agrupaciones de agua, alterando otra vez
la luminosidad. Abierto queda el aire.
Carlos Cociña (Concepción-Chile, 1950). Poeta. Vive en Santiago de Chile. Obtuvo el Premio Municipal de Santiago de Literatura (poesía, 2014), el Premio Círculo de Críticos de Arte de Chile al mejor libro de Poesía (2017) y el Premio a la Trayectoria de la Fundación Pablo Neruda (2017). Ha publicado en poesía Aguas Servidas (1981, 2008, 2016 y 2018), Tres Canciones (1992), Espacios de Líquido en Tierra (1999), Dos (2004), Plagio del Afecto (2010), El Margen de la Propia Vida (2013), La casa devastada (2015 y 2017) y Poesía Cero (2017). En soporte virtual ha publicado A veces cubierto por las aguas (2003), 71 (setenta y uno) (2004) y Plagio del afecto (2003 a 2009).